Vilà i Santasusana, M. (2005). La secuencia didáctica como metodología para la enseñanza y el aprendizaje del discurso oral formal


Los estudios científicos del conjunto de parámetros que caracterizan la oralidad han tratado aspectos que sirven para caracterizar los usos orales que constituyen el punto de partida para la enseñanza de esta modalidad de la lengua.

Dado que la lengua oral es un objeto de estudio indispensable para comprender la complejidad de la variación lingüística y la naturaleza misma del lenguaje, su investigación ha progresado prolíficamente en diversas perspectivas. Se ha visto que los primeros planteamientos al respecto pasan por alto las posiciones intermedias entre la conversación cotidiana y la escritura académica. Es por esto que, lejos de ser dicotómica, lo oral y lo escrito se interrelaciona en situaciones de comunicación mixtas. De esta manera, ambos modos se entenderán, según los autores, en una relación gradual o continuum. 

Así, la idea de gradualidad resulta central en el modelo y es asumida por la mayoría de los autores que han tratado más recientemente la oposición lengua oral/lengua escrita. Autores como Tuson (1991), McCarthy (1993), Blanche-Benveniste (1994) y Briz y Serra (1997), hablan de huellas de la oralidad en la escritura y de la necesaria interrelación entre ambos modos. La relevancia de estos términos en cuanto al enfoque pedagógico radica en la concepción de la oralidad como texto previo y en la presente variedad de géneros orales dados en los contextos de enseñanza y aprendizaje.

Retomando el texto, algunos factores que han sido responsables del contraste entre oralidad/escritura son la implicación interpersonal/contenido informativo (propuestos por Tannen (1982-Brown-Yule (1983) y la presencia del rasgo espontáneo/planificado, el nivel de abstracción y el carácter narrativo o persuasivo del texto (Biber 1988). Sin embargo, el modo oral y el escrito son el resultado de una suma de componentes, ya que ambos se conforman a partir del conjunto de las condiciones físicas de producción y recepción del texto. Es por esto que la concepción que consideramos más pertinente sobre la relación entre la oralidad y escritura deja al margen la dicotomía y adopta el punto de vista de la gradación o del continuum antes mencionado.
Otros autores como Bajtin (1979) y Volosihinov (1992) han sido claves para dar una nueva dimensión sobre este aspecto, ya que definen los géneros discursivos como “los conjuntos más o menos estables de enunciados que una comunidad puede identificar” (28), distinguiendo entre géneros discursivos primarios (comunicación inmediata, espontanea e informal) y géneros discursivos secundarios (reflexivos y formales) que integran y reelaboran los primarios, de manera que unos se transforman en otros.

Por su parte, Halliday (1979 y 1985) “ha descrito metafóricamente el discurso escrito como una estructura cristalina, basada en la concentración y la fijación, y el discurso oral como una estructura coreográfica, regulada por la movilidad y la adaptación, ambas con una complejidad en distintas direcciones, de las cuales el discurso oral formal participa equitativamente.” (33). El contraste estudiado radica en el predominio del sintagma verbal en el discurso oral y del sintagma nominal en el escrito. En el ejemplo dado, se observa que en el fragmento oral se expresa mediante perífrasis, un juego de movilidad de las oraciones y conectores, mientras que, en el fragmento en prosa, la información se condensa en sintagmas nominales extensos y compactos.


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Reflexión:
En síntesis, este texto nos ayuda como profesores en formación, a comprender y cuestionar las maneras de enseñanza del gran eje que es la oralidad. Al concebir el continuum entre la oralidad y la escritura podemos expandir sus maneras de enseñanza y evaluación, ya que las estrategias comunicativas se solapan, enriqueciendo la comprensión de los géneros orales formales por las características comunes que comparten con los de carácter escrito. Como, por ejemplo, la planificación del contenido, el valor del contexto, la relevancia de la prosodia, la redundancia informativa y la presencia de una sintaxis particular, basada en la combinación entre el estilo nominal y el estilo verbal de construcción de los enunciados. Asimismo, la importancia de otorgarle roles epistemológicos a los estudiantes evidencia variedad sociolingüística presente en rasgos contextuales, discursivos y lingüísticos que oscilan entre la lengua oral formal/informal/escritura.

Fuente: Vilà i Santasusana, M. (2005). La secuencia didáctica como metodología para la enseñanza y el aprendizaje del discurso oral formal. En C. B. M. Vilà i Santasusana, J. Castellá, A. Cros, M. Grau, & J. Palou (Ed.), El discurso oral formal. Contenidos de aprendizaje y secuencias didácticas (pp. 117-129). Barcelona: Graó.


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