Nussbaum, L. (2005). La discusión como género discursivo y como instrumento didáctico


Desde las perspectivas socioculturales, la educación se entiende como el dominio de los recursos culturales propios de una determinada comunidad y el aprendizaje como el camino que recorre un individuo para apropiarse de dichos recursos. Según lo postulado, este recorrido se realiza y lleva a cabo a través del diálogo con un interlocutor y con otros conocimientos ya almacenados por la persona. Este diálogo corresponde a una confrontación de ideas que reconstruyen saberes mediante una discusión.

En este sentido, la discusión funciona como un espacio discursivo de deliberación, de cuestionamiento de puntos de vista, de confrontación, intercambio y construcción de ideas. Para ello, la complementariedad de la asimetría dada en cuanto a conocimientos y opiniones se articula con la cooperación, es decir, la existencia de un contrato implícito de comunicación, la cual requiere de un cierto grado de formalidad. Entonces, la discusión tiene como finalidad la manifestación explicita de los contenidos y opiniones que se intercambian, dejando de lado –a diferencia del debate y la disputa– la identidad de los hablantes y su relación por medio de la habilidad de cada cual para desplegar y/o defender ideas. La estabilidad de estos cuatro parámetros sostiene el éxito de la discusión, entendidos como factores dinámicos que pueden ser modificados a lo largo de un intercambio.

Según lo planteado en el texto, las intervenciones (rol) del profesor debieran ‘provocar’ o ‘incitar a la acción verbal’ para dominar las secuencias didácticas que podrían desplegarse en una sala de clases y, por sobre todo, mantener la finalidad de la discusión. Así, los estudiantes tendrán oportunidades para reaccionar ante iniciativas de otros, preguntar, realizar aserciones, mostrar de acuerdo o desacuerdo respecto de lo expuesto por los demás participantes, retomar las palabras de otros y, en definitiva, contribuir a la gestión de la actividad discursivo y, junto a ello, construir conocimiento de manera colaborativa. Además, el profesor ayuda a verbalizar lo que los participantes no pueden llegar a decir por falta de recursos lingüísticos apropiados, vale decir, les guía para usar terminología propia del campo del saber en cuestión.

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Reflexión:
La complementariedad de estos roles sumados a los parámetros ya mencionados, deberían regular la acción en curso para el éxito de esta tarea. Y es que en vista de que la escuela tiene como meta enseñar a hablar y a escribir de manera especifica para cada disciplina, es que resulta eficaz la implementación de la discusión en aula, ya que los lenguajes específicos de cada disciplina son, en sí, objeto de aprendizaje y reflexión.

Fuente:
Nussbaum, L. (2005) La discusión como género discursivo y como instrumento didáctico. En Hablar en clase. Cómo trabajar la lengua oral en el centro escolar (pp.19-28). Barcelona: Grao.

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